Cada matrimonio sacramental se puede salvar (incluso después del divorcio y con niños de la segunda relación), porque cada uno de los cónyuges puede arrepentirse y convertirse, y con la ayuda de Dios puede realizar las palabras de su juramento matrimonial y sacramental: « ti prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida. Que Dios me ayude ».

Jesús quiere sanar cada matrimonio sacramental, incluso en una situación en la que los cónyuges se encuentran en otra relación y tienen hijos. Esto sigue las enseñanzas del Señor Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio sacramental: « Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre » (Mt 19,6), y por eso el niño ilegítimo no tiene derecho a separar los cónyuges, no puede ser un obstáculo para su reconciliación y para regresar a si mismo.