13.02.2017

Desde hace 24 años que nos casamos. Hace trece años nos separamos a causa de las relaciones muy difíciles. Por motivos de comportamiento violentos no veía otra posibilidad sino solo presentar la causa de divorcio. Mi decisión se apoyaba en una conversación con un sacerdote que me aconsejó que primero la causa sobre “los comportamientos violentos y después el divorcio”. Con mi marido tenemos cuatro hijos. Sufría mucho viendo como toda esta situación perjudicaba a los niños. A la vez me sentía impotente. No trabajaba profesionalmente y el piso donde vivíamos no era de mi propiedad. Después de un año seguía su curso en el tribunal la causa de divorcio, conversé con otro sacerdote que me hizo ver que hay otra posibilidad, la separación y que las personas creyentes deberían elegir este modo como protección a su situación. Inmediatamente decidí cambiar la solicitud del divorcio, por la solicitud de la separación. Hoy doy gracias a Dios que puso en mi camino a este sacerdote. En vista de que la causa duraba alrededor de tres años, el tribunal sentenció el divorcio motivando la desintegración. Mi marido en este tiempo conoció otra persona con la que llegó a la unión no sacramental y tiene dos hijos.
Toda esta situación me llevó a buscar mi puesto en la Iglesia. En el 2006 encontré la Comunidad de Matrimonios Difíciles Sicar, en la que hasta el día de hoy es para mí un grandísimo apoyo. Aquí supe que mi marido con el que estoy divorciada continua a ser mi esposo. En la Comunidad me convencí que mi compromiso de fidelidad hecho a mi marido el día del matrimonio el 01 de mayo del 1993 continua a obligarme y nada me dispensa de él. Aquí me encontré con el eslogan de la Comunidad que suena “cada matrimonio sacramental se puede salvar” y esto me hizo ser consciente de que debería abrirme a la acción de la gracia y colaborar con el Señor.
Me determiné a orar para salvar nuestro matrimonio. Rezaba también por esta mujer con la que estaba el que fue mi marido y quedé liberada del gran dolor y sufrimiento de la experiencia de la infidelidad. Perdoné a mi marido todo y descubrí que le sigo amando. Estoy abierta a acogerlo y reconstruir la relación. Estoy también preparada para recibir a los hijos de mi marido de aquella relación en el caso que sea necesario. Estos 11 años que estoy involucrada en la Comunidad lo recuerdo como un gran don del Señor para mí. Con la ayuda de diversas personas he conseguido alquilar un piso, encontrar trabajo. Después de algunos años he podido ascender en el trabajo y se me presentó la posibilidad de comprar un piso. Cada día experimento una profunda relación con el Señor y la conciencia que está cerca de mí y me sostiene con la mano. El Señor es Dios fiel.
Desde hace algunos años tengo un grupo (Ognisko) y hago lo posible por ayudar a otros matrimonios en crisis presentándoles el camino para crecer en el amor de Dios y al esposo/a sacramental. A la Comunidad llegan diversas personas tanto las abandonadas como las que hicieron daño a sus esposos. La experiencia cambia sus corazones y pone en orden sus vidas y les da mucha fuerza. Apoyo inestimable para la Comunidad son los sacerdotes fieles que con gran solicitud nos ayudan a ponernos delante de la verdad.

Marzena
Polen

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13.02.2017

¡Alabado sea Jesucristo!

Me llamo Agnieszka. En abril han pasado 23 años de la celebración de mi matrimonio sacramental. Desde septiembre del 2009 mi marido se fue y me dejó con tres hijas (12, 8 años y 9 meses). Mi marido vive actualmente con una concubina con la que tiene una hija de 5 años.
Tuve un shock cuando descubrí su infidelidad. Por fortuna encontré ayuda en la Comunidad de los Matrimonios difíciles Sicar. Allí durante los encuentros con el sacerdote, el psicólogo y con otras personas como yo descubrí que mi amor al esposo no obstante su infidelidad, no es nada anómalo. La infidelidad duele y mucho, hiere mucho más de lo que me podía imaginar, pero no elimina automáticamente el amor de mi corazón a mi esposo. Esto fue para mí paradoxal, pero sentía que todavía más amo a mi marido. En la Comunidad Sycar he encontrado mujeres y hombres que a pesar de la infidelidad esperan a sus esposos/as. Entendí que el sacramento del matrimonio y el juramento de fidelidad que presté a mi esposo me sigue obligando y la infidelidad de mi marido absolutamente no me libera a mí de la fidelidad. Oraba mucho para que pueda perdonar a mi marido por su infidelidad y también por la mujer con la que vivió un año desde que si fue de nosotros. No sé en qué momento sucedió. Pero me encontraba muy bien. La paz en el corazón, la alegría y la sonrisa empezaron a acompañarme cada día.
La situación no es simple, mi marido vive con la concubina en la misma parroquia que nosotras. Nos encontramos en las Misas. Es desagradable para mis hijas ver a su padre con la concubina y el hijo sentamos en la iglesia de frente a nosotras. Muchos parroquianos están escandalizados cuando ven esta situación, porque todavía recuerdan como yo y mi marido con las hijas participábamos juntos en las Misas. Las hijas entienden que su padre vive en pecado y no puede recibir la Comunión. Pero no entienden porque en la Exhortación “Amoris laetitia” justifica la permanencia en la segunda unión por motivos serios (la educación de los hijos). Piensan ¿por qué el hijo de la segunda unión es más importante que ellas?
Últimamente mi hija mayor tuvo una seria conversación con su padre. Él se justificó que “así se le había presentado la vida”. Monika me contó lo que le dijo a su padre, como declaración cito: “…Papá no nos cuentes tonterías, eso fue y sigue siendo sólo tu propia decisión y las consecuencias de tus actos. ¿Decidiéndote a la infidelidad, viviendo con la concubina no sabías, teniendo ya tres hijas que podías llamar a la vida un hijo más? ¿No pensaste con esto el dolor que ocasionas a nosotras y a la mamá? ¿Por qué exiges que te entendamos a ti y tu situación cuando tu completamente no contaste con nuestra situación? No pensaste cuantas humillaciones y vergüenza hemos pasado y aún pasamos viéndote a ti con esa mujer y teniendo conciencia que vives cada día en pecado. Y sin embargo puedes cambiar, mamá te sigue esperando…”.
No sé si esta conversación causó algún cambio en el comportamiento de mi marido, pero desde algún tiempo mi marido frecuentemente me llama por teléfono y responde a mis llamadas (antes no sucedía).
Tengo una cierta esperanza que los sacerdotes nos apoyarán a mí y a nuestras hijas en los intentos de salvar a mi marido y su retorno a nuestro matrimonio sacramental.

Saludos cordiales

Agnieszka
Polonia

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13.02.2017

Mi nombre Milena, tengo 31 años y quisiera presentar mi historia. Hace 9 años contraje el sacramento del Matrimonio. Después de dos años mi marido se fue con otra mujer con la que tiene un hijo. Desde hace 7 años crio a nuestro hijo Bartek, y desde hace 5 tenemos el divorcio.
Los inicios de nuestro matrimonio fueron estupendos y con muchos planes para el futuro. Los dos deseábamos tener hijos y formar una verdadera familia que se amase. Lamentablemente cuando apareció el hijo y problemas de la vida de cada día, en mi marido poco a poco se fue apagando el entusiasmo de los inicios de nuestro camino común. Empezaron las peleas y las incomprensiones, y después de un tiempo también la violencia física, a pesar de ello continuaba a pensar en nuestro futuro común, probaba a salvar nuestro matrimonio. Sin embargo, mi marido eligió otro camino y se unió con otra mujer mucho más joven, con la que después de un cierto tiempo tuvo un hijo, también chico. Después de dos años de matrimonio mis planes para el futuro cayeron como escombros, y cuando supe de la amante de mi marido me sentía como si todo el mundo se derrumbase, me sentía como si ya no era capaz de vivir. Nuestro niñito perdió a su padre. Este tiempo fue muy duro y difícil… No obstante, después de un tiempo de dolor y sufrimiento el Señor comenzó a curar mi corazón herido, pasé una verdadera y profunda conversión, con la que encontré de nuevo el sentido de la vida.
Hace tres años di con la Comunidad de Matrimonios Difíciles Sicar donde conocí muchas personas estupendas que no obstante la infidelidad del esposo/a (frecuentemente viviendo en otra unión en la que nacieron hijos) permanecen en fidelidad del juramento matrimonial. Recuerdo como me encontraba débil y hecha pedazos y pedía al Señor para que también a mí me diese fuerzas para permanecer en fidelidad. Y así el Señor purificó mi corazón, lo que a menudo fue muy doloroso y exigía de mí muchos esfuerzos. Fue un tiempo de trabajo intenso conmigo misma y permanece hasta hoy. Pero el Señor actuaba, convertía y abrió sendas. Empecé a orar por el marido y también por la amante. Le perdoné todos los daños. Desapareció de mi corazón el sentimiento de ira, rencor, sentimiento de daño.
Con la suegra tengo muy buenas relaciones. Por desgracia mi marido no ha buscado a menudo contacto con nuestro hijo. Sim embargo tuvimos ocasión cuando nos encontramos los cuatro, yo, mi marido, nuestro hijo y el hijo de mi marido de la segunda unión y juntos pasamos un tiempo. Recuerdo la situación cuando estuvimos juntos en el circo, y yo llevaba – de una mano a nuestro hijo y de la otra al hijo de mi marido de la unión natural. Recuerdo bien como entonces sentía paz en mi corazón, no había ninguna reacción negativa en relación al chico, sabía que él no es culpable de nada. Era feliz, porque Dios me dio la gracia de que fuera capaz de hacer frente a tales situaciones. Actualmente mi marido se ha separado de la amante con la que tuvo el hijo, pero todo el tiempo aparecen nuevas mujeres en su vida.
El último sínodo sobre la familia ha provocado muchas discusiones tensas. Muchas personas piensan que la Iglesia ha empezado a aceptar las uniones no sacramentales solamente porque han aparecido en ellas hijos naturales. Basándome en mi propia experiencia puedo afirmar que los hijos no presentan obstáculo en el retorno del esposo/a sacramental y para Dios no hay nada imposible, esto también lo afirman otros de la Comunidad de Sicar. Otra de las discusiones es la posibilidad de recibir la Comunión los divorciados. No me imagino ver a mi marido que vive con otra mujer recibir la Comunión, pues yo continuo a ser su esposa. No se puede vivir en pecado y a la vez estar en gracia santificante. En una situación así ¿qué pasa con la elección que hicieron algunos esposos/as que desea guardar fidelidad a la segunda parte y a Dios? En una tal situación la fidelidad pierde su sentido…
Queridos obispos dejo en vuestras manos el testimonio de mi vida, contando con el apoyo y la ayuda en los intentos de salvar a mi marido y su retorno al matrimonio sacramental.

Saludos cordiales

Milena
Polonia

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13.02.2017

¡Alabado sea Jesucristo!

Me llamo Bożena, estoy en la Comunidad de Matrimonios Difíciles Sicar, pero hasta que llegué a ella estuve 4 años en una unión no sacramental.
Mi marido sacramental se fue hace 12 años con otra mujer dejándome con el hijo de 6 años. Después de dos años me uní a otro hombre, contrayendo contrato civil y después de medio años tuve otro hijo de esta unión. Estando en esta unión pensaba que llenaría el vacío y la tristeza en la que vivía después de que se fue el marido sacramental. Aunque en apariencia me parecía lo había logrado (formamos familia, salíamos de paseo juntos, íbamos de vacaciones, cuidábamos de nuestro hijo como también del hijo de mi matrimonio sacramental). Sin embargo, todo el tiempo me faltaba algo, estaba triste, inquieta. Comencé a buscar a Dios. Estando en la Misa me dolía mucho el no poder recibir la Comunión, porque vivía en pecado que me aleja de Dios, Lo hiere y me cierra el camino de la salvación. Me dolía porque rompía el juramento hecho ante Dios en el Sacramento del Matrimonio y también que este mismo pecado cometía mi marido sacramental viviendo con la otra mujer y el hombre con quien me había unido. Cuando comenté con mi compañero (marido no sacramental) lo que pasa en mi corazón sobre mi duda, pecado, él me respondió que así ahora se vive, son otros tiempos. Yo continuaba a querer cambiar esta situación. Di con el curso Alfa que me ayudó a profundizar en mi fe. Empecé cada vez más a amar a Dios y al mismo tiempo a alejarme del compañero. Decidí mudarme. El único pensamiento que me detenía era que privo al niño de la familia completa y al otro hijo de la segunda unión que va a pasar un drama como es el divorcio de los padres, ya que tengo la experiencia muy negativa de cuando se fue mi marido y como lo pasó de mal nuestro hijo. Preguntaba a Dios qué hacer. El Señor muchas veces a través de la Palabra me decía que tengo que ofrecerle todo a Él, confiar y Él se preocupará de esto. No te queda otra, pero ¿cómo no confiar en Jesús? Puse todo en Él. El Señor Jesús infundio en mi suegros – los padres de mi marido sacramental – amor a mi segundo hijo – para ellos extraño – de la unión no sacramental y mis suegros lo amaban como a su nieto. Actualmente vivo con ellos con los niños. Sebastian – el hijo de la segunda unión – les llama abuelos, ellos lo llevan al jardín de infancia y van a buscarlo cuando yo estoy en el trabajo
Después de confesarme y recibir a Jesús en mi corazón encontré la paz z la alegría. Mi segundo hijo se desarrolla normal, es dócil y sereno de lo que no se ve que crece en una familia donde la mamá y el papá viven separados. Cuando salí del pecado ofrecí los niños a Jesús y el Señor los rodea con su protección y les defiende.
Estoy muy agradecida a Dios por esta gracia de abrirme los ojos como a Bartimeo del Evangelio y he podido ver que el hombre con el cual estaba no es mi marido – la samaritana. Mi marido es este con el que me casé y con el cual hice la alianza ante Dios. Quiero agradecer a la Comunidad de Matrimonios Difíciles Sicar porque me apoyaron para tratar de conseguir mi salvación y la de mi marido, pues soy responsable de la salvación de mi marido que vive con la mujer extraña, es ciego, vive en la oscuridad, en el pecado y satanás ingeniosamente adormece su conciencia.

Saludos cordiales

Bożena
Polonia

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13.02.2017

Me llamo Ivona, soy esposa sacramental desde hace 11 años. En mayo de 2006, yo y mi esposo, celebramos nuestro matrimonio sacramental después de 8 años de habernos conocido. Pienso que los primeros 4 años de nuestro matrimonio fueron felices, aunque no carecieron de períodos difíciles como abortar tres veces en diferentes momentos del embarazo. La pérdida de los niños fue un dolor muy grande para mí y mi esposo, y con el tiempo empezamos a alejarnos. Así empezó una seria crisis en nuestro matrimonio, en consecuencia de la cual en 2012 mi esposo abandonó nuestra casa familiar diciéndome que el amor en él se había acabado. Medio año más tarde puso la demanda de divorcio, rechazando cada intento de salvar nuestro matrimonio que le había propuesto. Al cabo de un año y a pesar de mi desacuerdo, el tribunal dictaminó la sentencia de divorcio civil, lo que permitió a mi esposo, casarse por lo civil con la mujer con la que actualmente está y tiene una hija.
Después de su partida, mi mundo se derrumbó completamente. En ese entonces estaba segura sólo de una cosa, que amaba y que seguiría amando a mi esposo, y que además, deseaba salvar nuestro matrimonio. Pero no sabía cómo hacerlo, me sentía atrapada. Fue entonces, en mi impotencia, cuando llegó con su ayuda nuestro Señor Jesús. Es así que puso en mi camino a sacerdotes que me mostraron y me hicieron dar cuenta de que como esposos estábamos unidos por un sacramento que es irrompible y que del cual fluye el poder de la gracia.
Luego conocí la comunidad de matrimonios difíciles SICAR, donde tuve contacto con personas que se encontraban en situación similar a la mía, y a pesar de eso, se mantenían en fidelidad al cónyuge y cultivaban el amor por él, aunque algunas veces éste ya estaba en otra relación. Y en ese momento, creí que mi matrimonio podía salvarse, no por mi fuerza, sino por el poder de Dios que fluye del sacramento del matrimonio. Así comenzó el camino de mi conversión, del trabajo sobre mí misma y el tiempo de cooperación activa con Jesucristo, nuestro Dios, para quien no hay cosas imposibles. Este camino continúa hasta nuestros días. Perdoné su partida y su traición, rezo por él y por la mujer con la que está. Lo amo y deseo su verdadero bien, sobre todo que experimente la gracia de la conversión y el amor de Dios. Yo lo experimento cada día desde la partida de mi esposo, cada vez más siento un amor incondicional por él, lo amo aunque no esté conmigo. Estoy consciente de que este amor, que se renueva en mi corazón, es una gracia que fluye al haberme abierto al sacramento del matrimonio. Soy fiel a mi esposo y estoy lista para la reconciliación y la reconstruccion de nuestro matrimonio en cuanto él exprese este deseo. Como en su actual relación hay un niño, estoy dispuesta a aceptar su regreso con el niño y a brindarle cuidado y amor. Además, estoy consciente y de acuerdo, en que mi esposo tiene la obligacion de velar por este niño materialmente.

Iwona
Polonia

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13.02.2017

Me llamo Bernadetta, desde hace 26 años estoy en un matrimonio sacramental. Tenemos un hijo, pero perdí otros dos como consecuencia de abortos. Para la familia y los amigos éramos un matrimonio bueno y compatible, pero en retrospectiva veo que mi comportamiento, mi inmadurez y mi egoismo, contribuyeron a la aparición de una crisis en mi matrimonio.
En 2006 apareció otra mujer en la vida de mi esposo. Inicialmente él declaro su deseo de salvar nuestro matrimonio, se comprometió a arreglar todo y a reconstruir nuestra relacion (oraciones, retiros, peregrinaciones). En esta actitud se mantuvo por algunos meses, pero después de dos años decidió dejarme y unirse a esa mujer. En 2011 nació un hijo de esa relación. En 2013 mi esposo pidió el divorcio y en 2014 se casó por lo civil.
En el momento de su partida, se derrumbó mi mundo entero, la desesperación y el dolor se mezclaban con la ansiedad sobre el futuro de mí y mi hijo. Sin embargo, ahora, después de algunos años puedo decir que sobre las ruinas y las cenizas, Dios nuestro Señor, me ha ayudado a reconstruir mi vida. Puso en mi camino, entre otras, a personas de la Comunidad de Matrimonios Difíciles SICAR, que con su testimonio me mostraron el camino a seguir. Es el camino en en el que el guía es Dios. Mi estrecha relación con Dios me ha permitido descubrir y comprender el gran valor del sacramento del matrimonio y la gravedad del compromiso del voto matrimonial. También me di cuenta de que como esposa abandonada, no estaba sola en nuestro matrimonio porque Dios estaba conmigo, que igualmente me amaba a mí y a mi marido, que todo el tiempo nos veía juntos. Lentamente nació en mi corazón el perdón y el amor a mi esposo, que había sido pisoteada por él, renació en una dimensión completamente diferente. Durante la audiencia del divorcio, cuando el juez me preguntó si amaba a mi esposo, le contesté que lo amaba, aunque era un amor difícil y doloroso. Añadí que el divorcio civil no cambiaba nada, ya que nuestro matrimonio sacramental continuaba. Yo espero a mi esposo y si un día decide cambiar de vida y volver a nuestra familia, quiero que sepa que lo sigo esperando y estoy dispuesta a aceptarlo con su hijo ilegítimo (si es necesario).
Nuestra difícil situación puede parecer humanamente imposible de resolver y nuestro matrimonio difícil de salvar. Sin embargo, yo confío en Dios y en Él pongo toda mi esperanza para el sanamiento de nuestro matrimonio. Creo que si nuestro matrimonio sana, Dios cuidará de todos nosotros y del hijo de mi esposo, que también necesitará del amor de los padres. Todo el tiempo pido en oraciones por la conversión de mi esposo, así como también para que Dios me dé fuerzas y para perseverar en fidelidad al juramento matrimonial.

Cordiales saludos,

Bernadetta
Polonia

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13.02.2017

Mi nombre es Gregorio. Tengo 34 años. Desde 2008 estoy en una relación de matrimonio sacramental que celebramos después de 4 años de habernos conocido. En junio de este año se cumplirán 6 años desde que me dejó mi esposa y se involucró con otro hombre. Tenemos una hija de 8 años.
Los inicios de nuestra relación fueron muy buenos. Lamentablemente, no teníamos una relación viva con Dios y mi esposa estaba en contacto con amigas que habían destrozado a sus familias. Sufrí mucho por la partida de mi esposa. No podía resignarme con la pérdida de las dos personas más queridas y que desde aquel momento estarían con otra persona. El enorme dolor que experimenté, hizo que me volviera hacia Dios en mis oraciones y pedirle ayuda. Dios transformó mi corazón, me dio el don de la fe. Entregué mi esposa y mi matrimonio a Cristo. Decidí que nunca aceptaría el divorcio y que con todas mis fuerzas lucharía para salvar nuestro matrimonio.
Mientras tanto, me uní a la comunidad Sicar y al Camino Neocatecumenal. Una semana antes del primer encuentro del juicio de divorcio, me enteré de que mi esposa estaba embarazada del otro hombre. Ante la noticia del embarazo fuera del matrimonio y de que yo no iba a aceptar el divorcio, la mayoría de las personas como los padres, la familia, los amigos se alejaron de mí. Sólo Cristo quedó vendando mis heridas. Hubo periodos en los que yo estaba lleno de rebeldía y de quejas a Dios, de por qué eso me pasaba a mí, sabiendo al mismo tiempo que sólo Él me podía ayudar. Tenía una gran ansiedad, luchaba con mis pensamientos, por qué a pesar de las heridas y la humillación seguía amando a mi esposa. Y después de algún tiempo, Dios me dio a conocer que Él había llenado mi corazón de amor hacia mi esposa, que era un regalo que había recibido de Él. Al entender todo eso, llegó la paz y la calma al corazón. Así continué´con la oración, los ayunos en intención de mi esposa, las novenas y Dios me daba señales de que estaba conmigo.
En abril de 2012, es decir 10 meses después de su partida, mi esposa embarazada con el hijo de su segunda relación, volvió a mí. Poco duró mi alegría, ya que justo después del nacimiento de su hijo, mi esposa renovó su relación con el segundo hombre hiriéndome mucho. En septiembre de 2012 nuevamente se mudó.
Al día de hoy desde esos acontecimientos han pasado 4 años. Aún estoy listo para el regreso de mi esposa con su hijo no conyugal de 4 años. A menudo me preguntan que cómo es posible que sea capaz de aceptar a un hijo del que no soy su padre. Con su ayuda vienen las Sagradas Escrituras, en una disputa de apóstoles, Cristo pone delante de ellos un niño diciendo: ¨Quien recibe a este niño en mi nombre, a mí me acoge¨(Lc 9,48). Para mí, estas palabras aclaran mucho, porque solo no puedo hacer nada. En Cristo puedo hacer todo. Perdoné con su fuerza, en su nombre estoy dispuesto a acoger al niño. Estoy consciente de la responsabilidad por la salvación de mi esposa. Sé que el esposo como la cabeza de familia tiene la obligación de guiar a su familia hacia Dios. En el Juicio Final, que llegará algún día, tendré que decir cómo cumplí con esta tarea. Por lo tanto, ninguna circunstancia, por más difícil que sea como en mi caso, no me libera del juramento en el que prometí a Dios la fidelidad y la honestidad en el matrimonio, así como también de que nunca abandonaría a mi esposa hasta la muerte. Cristo nos enseña que el buen pastor busca a la oveja perdida, que es mayor la alegría en el cielo por un pecador convertido que por cien justos. Estas palabras me dan una enorme fe de que mi esposa también puede abrirse a la gracia de Dios y recibir una cantidad ilimitada de Misericordia. Estoy convencido de que cada matrimonio sacramental se puede salvar porque Dios hizo un pacto con nosotros y nuestra relación fue santificada por Él. Estoy consciente del sacrificio que hizo Jesús en la cruz por mí, para sacarme de la oscuridad. Así y yo a través de la cruz, con mi sacrificada actitud de ayuno y oración, pretendo que acepte el don de la conversión.

Grzegorz
Polonia

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13.02.2017

Con mi esposa sacramental Kama, a quien amo mucho, celebramos nuestro matrimonio sacramental hace 24 años. Después de 3 años de vida matrimonial, en mi matrimonio apareció una crisis en la que también tuve mi participación. Traté de salvar nuestro matrimonio. Desgraciadamente, mi esposa puso la demanda de divorcio y lo consiguió de manera unilateral, sin mi consentimiento. Algunos meses más tarde se casó por lo civil con otro hombre y después de algún tiempo nació un niño. A pesar del esfuerzo de mi parte en hacer contacto y de encontrarme con ella, no la he visto desde hace 17 años y sigo siéndole fiel. Un gran apoyo en el cumplimiento de los votos matrimoniales es para mí la Comunidad de Matrimonios Difíciles Sicar, a la cual pertenezco.
Nunca perdí la esperanza del renacimiento de mi matrimonio. Nunca he dejado de amar a mi esposa. Mi amor hacia ella lo saco de mi relación con Dios, de la experiencia de su amor hacia mí. La aparición de un hijo en la unión no sacramental de mi esposa, no hizo que perdiera la fe y la esperanza de su retorno a mí. Me disculpé con ella por mis errores y le perdoné su culpa con respecto a mí. Mi esposa sabe desde el principio que estoy dispuesto a aceptar, amar y criar al hijo de su actual relación con otro hombre, si quisiera volver con él a mí. También estoy abierto a la reconciliación con la pareja no sacramental de mi esposa. Mi deseo es que todos nos reconciliemos y vivamos en una verdadera amistad para la gloria de Dios.
Estoy consciente de que con mi esposa estamos unidos por un pacto inviolable con nuestro Señor Jesús, que es el garante de nuestro matrimonio, su testigo y defensor más grande. Amo mucho a mi esposa, le fui y soy fiel. Deseo reconciliarme con ella.
Rezo todos los días por la curación de mi matrimonio, para que mi esposa encuentre el camino a la reconciliación con Dios y para que, de acuerdo a la voluntad de Dios expresada en las palabras del juramento, estemos juntos. También rezo para que su actual pareja se abra a Dios y su amor. Rezo por su hija, para que ella sea testigo de un amor verdadero y que ella misma lo experimente. Rezo para que ningún hombre, especialmente ningún miembro del clero, justifique y aconseje a mi esposa mantener „ciertas expresiones de intimidad” con otro hombre, alegando el punto 298 de la Exhortación Amoris Laetitia.

Con el saludo de Dios,

Andrzej
Polonia

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Recomendamos:
El matrimonio sacramental sigue vivo – dibujo – http://es.sychar.org/dibujo/
Cambios en el discurso sobre el matrimonio sacramental tras el divorcio – de la eutanasia mental a la lengua del Evangelio – http://es.sychar.org/eutanasia/
¿Es posible salvar cada matrimonio sacramental? – https://www.youtube.com/playlist?list=PLobUwltc9GBZdjT2IT3q3-h6peWSbhvjQ

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